7 nov 2011

Pelo de tonto (El folletín) Capítulo 5


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Cuando terminó la entrevista el chimpancé abandonó el plató con su aparato traductor bajo el brazo. El público dejo de aplaudir a la orden del regidor. Belardo habló:
-Señoras, señores, esto ha sido todo por hoy. Les adelanto que en el próximo programa tendremos con nosotros a Leski Rikas Ruma la viuda del astronauta Avaru Usulento. Ya saben que la señora Rikas prepara el lanzamiento de un cohete espacial con los restos mortales de su marido. Muy buenas noches –de nuevo aplausos, sintonía y la grabación había terminado. Belardo salió de allí raudo, para evitar que sus admiradores le atosigaran. Ademia le esperaba en la puerta del plató con un ramo de flores. Belardo arrancó una rosa del ramo y se la llevó a la nariz de manera muy violenta.
-¡Maldito mono, tengo su olor clavado en el cerebro! – Belardo aspiró profundamente, como queriendo apurar hasta el mas mínimo resto de perfume de la flor.
Camino del camerino, Ademia y Belardo, pasaron por delante de la cafetería de los estudios. Algo llamó la atención del presentador que se asomó al interior. Sentado a una de las mesas, estaba aquel hombre, el hombre que se esfumaba. Parecía haber terminado de comer en aquel mismo instante, ya que delante de él había un plato vacío. Miraba el reloj de su muñeca y pulsaba algunos botones en el mismo. Y tal y como siempre hacia, de repente dejó de estar allí.
-¿Has visto eso? –le preguntó a Ademia.
-¿Qué? –la mujer miraba por encima del hombro de Belardo.
-No, está claro que no, vamos –reemprendieron la marcha hacia el camerino. Cuando llegaron al mismo encontraron la puerta abierta.
-Juraría haberla dejado cerrada –dijo Ademia preocupada.
-Sí, la dejaste cerrada, pero alguien la ha abierto. Y ha entrado. Y aun sigue dentro –Belardo le quito a su asistente el ramo de flores y se lo acercó lo mas que pudo a la nariz. Después con gran sigilo entró en el camerino.

Continuará…

3 nov 2011

Pelo de tonto (El folletín) Capítulo 4


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-No contestaré a esa pregunta… solo te diré una cosa, estoy limpio, no he probado una gota desde hace tres meses -la voz metálica salía del traductor Hawking según el chimpancé iba pulsando teclas con los dedos de una mano. Con el índice de la otra hurgaba dentro de su oreja intensamente para después observar muy interesado lo que sacaba de allí.
-Oh, lo lamento, espero no haberle ofendido sacando a la palestra sus problemas con el alcohol - Belardo mostraba la mejor de sus sonrisas, pese al olor a ropero viejo que desprendía el pelaje del mono centenario.
-Ya te he dicho que no me trates de usted –recriminó la mona Chita a través de su traductor.
-Bien, bien… entonces, cuéntenos, perdón, cuéntanos: ¿Qué se siente al ser el único superviviente del reparto de aquellas películas? –el chimpancé miraba al público del plató sin prestar demasiada atención, aparentemente, a Belardo. Este rezaba por que el animal no se estuviera planteando ponerse a lanzar sus propias heces contra aquella gente. Entonces el bicho tecleó:
-Solo, me siento muy solo. Todos eran amigos. Qué bien lo pasamos. Bueno, a mi me pegaban cuando estropeaba alguna toma… pero era joven y no tenía experiencia, es comprensible. Aprovecho para hacer un llamamiento desde aquí: estoy abierto a cualquier propuesta para retomar mi carrera en el cine –el mono sonrió a cámara.

Continuará…

31 oct 2011

Pelo de tonto (El folletín) Capítulo 3


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A las ocho y media, hora exacta, Belardo entraba por la puerta de los estudios Golden Gold. Su asistente, Ademia, le esperaba allí como cada mañana.
-Buenos días, Belardo. Hoy entrevistas a Jitts. Es el chimpancé que interpretaba a la mona Chita. Acaba de cumplir cien años. Todo lo que necesitas saber esta aquí – dijo como si le leyera un telegrama en voz alta, entregándole un dossier mientras caminaban a buen paso hacia su camerino.
-Bien, bien, ¿qué tal estoy?- preguntó Belardo, mostrándole ambos perfiles de su cara a la mujer. Ademia sacó del bolsillo de su falda un cartoncillo naranja y comparó la tonalidad del mismo con el color de la cara de Belardo.
-Perfecto, como siempre.
El ritual que Belardo seguía en su camerino siempre era el mismo. Ademia le servía un whisky, del que bebía un sorbito, y después hacia que esta le examinara la dentadura, en busca de cualquier atisbo de suciedad que él hubiera pasado por alto en casa. Luego la asistente le dejaba solo y él estudiaba el dossier con los datos más relevantes del invitado del día, así como la entrevista a realizar.

Continuará

28 oct 2011

Pelo de tonto (El folletín) Capítulo 2


-Belardo, chiquitín, despierta, vamos, hay que levantarse, llegarás tarde… - cada mañana, a las seis, la voz de la madre de Belardo salía del magnetófono conectado a su despertador. Hacía unos años, antes de que la mujer falleciera, le había hecho grabar aquel mensaje. Le gustaba despertarse como cuando era niño y tenía que ir a la escuela. Belardo, a oscuras, pulsó el botón que había en la parte superior del aparato. Su madre calló. Encendió la pequeña  lámpara de la mesita de noche y se incorporó con mucho cuidado. Dormía con su peluca puesta, protegiendo el peinado con una redecilla. Quitó esta con suma delicadeza y salió de la cama camino del cuarto de baño. Vestía su traje de hombre desnudo, uno de esos con los pectorales y abdominales dibujados. No soportaba ver su cuerpo sin ropa y aquel disfraz le ayudaba con su problema, a todos los efectos ya era como su propia piel. Una vez en el baño echó la primera meada del día, la más amarilla. El falso pene de gomaespuma del disfraz estaba agujereado para permitirle hacer sus necesidades, al igual que la raja del culo estaba abierta con el mismo fin. Belardo tiro de la cadena y se lavó las manos. Luego, con el mismo cuidado que había puesto a la hora de quitarse la redecilla de la cabeza, se puso un gorro de ducha y abrió el grifo de la misma. De vez en cuando  metía la mano debajo del chorro para controlar cuando el agua llegaba a la temperatura óptima. Pasados unos minutos se metió dentro, echando la cortinilla para no salpicar fuera. Belardo se duchaba vestido con su traje de hombre desnudo. Luego tenía que emplear una hora larga pasándose el secador, borrando hasta el último rastro de humedad de su falsa piel. Cualquier cosa con tal de no ver su verdadero cuerpo. La idea del disfraz había sido de su psicoterapeuta, el doctor Hiller. Belardo tenía gran confianza en él, aunque sospechaba que era un antiguo criminal de guerra nazi encubierto. Terminó de ducharse y después de retirar cuidadosamente el gorro, comenzó con el ritual del secado. Tras una hora y media de arduo trabajo, su “cuerpo” estaba completamente seco. Ya solo quedaba maquillarse. Belardo era presentador de televisión. Su programa de entrevistas era el de mayor audiencia del país. Siempre llegaba a los estudios totalmente preparado  para grabar. Él elegía su vestuario, se peinaba y, por supuesto, se maquillaba.  En realidad Belardo iba a todas partes como si fuera a hacer un programa de televisión: vestido de traje, con su peluca peinada de manera perfecta y pintado como una puerta. Pensaba que en la vida real lucia igual que a través de la pantalla. Pero no.
                                                                                                                                  
Continuará...

27 oct 2011

Pelo de tonto (El folletín)


El hilo musical del restaurante, una típica hamburguesería del centro, dejaba escapar una alegre melodía popular en versión de Cosmo Lalalá, el mago del tarareo. Belardo, que ocupaba una mesa del local tomando un café, lucía un espectacular pelazo. Cuando el flequillo a lo Johnny Hallyday se le venía a los ojos, él lo apartaba hacia un lado con la mano de manera muy elegante. Reparó en que enfrente de él, sentado al otro lado de la mesa, había  un chimpancé con la cara metida en un plato de sopa. Debía haberse ahogado allí ya que no se movía. También le llamó la atención un hombre que se encontraba en la barra. No era la primera vez que lo veía. El hombre pulsaba los botones de lo que parecía ser un reloj de pulsera y  el tiempo que Belardo empleó en parpadear fue suficiente para que el tipo desapareciera. Siempre hacia lo mismo, desaparecer de algún restaurante. La camarera se acercó a Belardo y le dijo:
-Belardo, chiquitín, despierta, vamos, hay que levantarse, llegarás tarde… -
                                                                                                                   Continuará...

7 oct 2011

Velatorio (III)

Lucas murió en Las Vegas, justo el día que empezábamos las vacaciones. Nos dijeron que le había dado un ataque al corazón.Una vez repuestos del shock, teniamos que manejar la situación de la mejor manera posible. Así que decidimos montarle un funeral digno de aquella ciudad. Todo el mundo sabe que allí existen multitud de capillas, en las que puedes casarte de la manera mas pintoresca. Lo que no se conoce tanto, es la red de funerarias que dan el ultimo adiós a los seres queridos de la misma forma. Barajamos varias posibilidades.Casi nos quedamos con la de realizar el velatorio en el puente de mando de la Enterprise. Pero al final, vimos  claro que La casa del terror se ajustaba mas a los gustos de nuestro difunto amigo. Disfrazaron a Lucas de Dracula, uno en la linea de Bela Lugosi. La verdad es que estaba muy propio, ahí metido en el ataúd. Un tío vestido de monstruo de Frankenstein, ofició una homilía muy emotiva en el jardin de la casa, decorado con lapidas de carton piedra. Una maquina de humo creaba  niebla que ambientaba todo aquello muy bien. Quedamos contentos, la verdad. Incluso hicimos algunas fotos para llevar a la familia de Lucas, junto a la urna con sus cenizas.

4 oct 2011

Simpa

Aprovechó que su esposa había ido al lavabo para huir del restaurante y de su vida, dejando a deber la cuenta de la cena, la hipoteca de la casa y el colegio de los niños.